Capítulo 4. Brighton city y conciertazo del príncipe charles
Un nuevo amanecer sin persianas nos sorprendió en brighton. Sí, sin persianas. A estos guiris no les gustan las persianas, y por eso no ponen ninguna en su casa. Y…?atención! El sol sale a las cinco de la ma?ana. Por eso Alicia y yo metíamos la cabeza debajo del edredón, aún a riesgo de asfixiarnos. Qué le gusta un rayito de sol a esta gente!
En fin, después de este hermoso despertar, partimos raudas y veloces a conocer Brighton. Ciudad que se caracteriza por elevado número de estudiantes que residen en ella; porque es, cómo lo diría, como Chueca pero en ciudad; y porque allí veranean los londinenses. Vale, vale, las playas son de pedruscos, pero es lo que tienen.
La primera parada fue en el cementerio. A mí me encantan los cementerios, creo que dicen mucho de los lugares. Y era la primera vez que veía una peque?a parte dedicada a la memoria de los más peque?os. Se trataba de poner el nombre y la edad del fallecido acompa?ado de su juguete favorito. Ya sé que a muchos os parecerá macabro, pero cuántos sentimientos hay dentro de cada uno de esos mu?ecos, qué enorme significado comienzan a cobrar esos simples objetos?.
Después de esto pasamos a un ambiente totalmente distinto: conocimos Las lanes, vamos las calles y, por supuesto, las tiendas. Tiendas muy muy originales, toda una explosión de color. La casa de la cebra es digna de ver, y la tienda con objetos para mujeres también. Allí puedes encontrar desde un tanguita de caramelo, a una pizarra magnética para hacer los mejores modelos de afeitado del pubis…de todo. Interesante también, me resultaron, las tiendas de segunda mano. Lo venden todo, todo, y todo. Es como Reto pero, además de muebles, venden muchas más cosas absurdas. Continuamos hasta el borde del mar….y allí…mirando al mar estaba Mi tiovivo. Ese tiovivo en el que so?é montarme siempre. Estaba allí, él me miraba, yo le miraba. Los dos nos atraíamos, pero de pronto alguien dijo: “Eso es pa ni?os, que te va a montar ni te va a montar”. Y la magia se diluyó en un suspiro. Así que cabeza baja, y algo entristecida, me fui a ver el Pier de Brighton, que no es más que esos parques de atracciones que los guiris hacen sobre el mar. ?Me encantó! Es como la calle del infierno de la Feria de Sevilla, pero sobre el agua, jejeje. Mucho más bonito, que con tanto albero.
En fin, después de juguetear con las máquinas y hacernos fotos en infinidad de cartelitos de esos para meter la cabeza(Qué nos gusta una foto haciendo el imbécil!); nos fuimos a comer a un pub, que estaba entre las lanes. Comida inglesa a buen precio. El plato estrella las salchichas con puré de patata. Yo como buena amante del puré de patata, lo probé y os aseguro que aquello era patata de verdad y no de sobre. Pero no era mi plato, así que seguí comiendo mi carne en salsa (como la nuestra) acompa?ada de una gran pinta.
De postre el típico Teddy Bear de galleta de jengibre. A mí me gustó, a Alicia no. No sé…sólo os recomiendo que lo probéis, por si os gusta. Pasada por el supermercado y a la estación. Había que regresar a London, que nuestro recepcionista favorito nos echaba de menos.
Al salir del tren gran tortazo a ese olor londinense, y bueno, como siempre comenzamos a cantar aquello de: “por no oler a manteca yo daría lo que fuera, por no oler a manteca yo daría lo que fuera…dun dun…yo daría lo que fuera”. Después de volver a nuestro barrio, a nuestro hogar…Decidimos ir a ver el London Bridge. Y quién nos estaba esperando allí? Pues todos los príncipes Carlos y sus dos muchachitos (por supuesto toda la policía del planeta, incluidos tiradores profesionales en las azoteas). Estaban de celebración y habían organizado un conciertazo del copón…Alicia recordando sus a?os indies, se emocionaba…
En fin…después de caminar un poco puente arriba, puente abajo…nos fuimos al tube, vamos al metro. Próximo destino Picadilly.
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