Capítulo 5. London night
A las 21.30, con la puntualidad inglesa que nos caracteriza, llegamos a la cita que teníamos con un buen amigo mío y sus colegas. Y ya sabéis que los amigos de mis amigos son mis amigos. Así que allí nos juntamos una extra?a variedad de personas: un ca?ailla con acento de Madrid (gracias por la noche), una extreme?a muy maja (eres genial Raquel), dos gaditanas asevillanás (alicia y servidora), dos catalanes (muy buena gente), un venezolano (muy bailongo), un argentino (que quería un tango) y una alemana (o era inglesa?…no sé). En fin ese era el grupito.
Nos llevaron a un pub, el Oneills, que allí es lo que se lleva, ir de pubs. Pero…no, no. No era un pub como los nuestros, nooooo. Sirven comida de día y cervecitas y por la noche se quedan con las cervecitas nada más. Así que nosotras decidimos que antes de entrar teníamos que comer algo, nos separamos del grupo y fuimos a papear…queríamos una empanada china, que habíamos visto la tarde anterior pero...ohhh What a pity!!! La tienda estaba cerrada y miraras por donde miraras sólo veíamos patos lacaos, (Qué le gusta a esta gente un pato lacao!). Así que optamos por la solución rápida…pasando de patos lacaos…un sándwich y listo…a tomar viento, que a esta gente se le acaba la marcha rápido.
Había ciertas reticencias a entrar en el pub, porque claro nos imaginábamos a todo el mundo sentado bebiendo cerveza, pero no….aquello escondía mucho más. Tres plantas, de hecho. Una de tranki troncos, otra un poco más animadilla y la tercera que era en plan discoteca. Nuestro grupito estaba en la segunda planta, así que nos dirigimos en su búsqueda.
Una vez reencontrados, comenzamos…Bueno, allí los tíos son unos profesionales del pesti?eo, así que nada en dos minutos Alicia y yo estábamos hablando con un nigeriano y un madrile?o. Todo parecía agradable hasta que el capullo del madriles me preguntó si llevaba coca en mi collar (es como una lagrimita que se abre y se cierra); así que cogí mi cerveza y cambié de ambiente…la mayoría sabéis que tengo un trauma desde que un gilipollas me dijo que me cabía tela como a Luz Casal. Me niego a pensar que tengo cara de yonqui; porque si hay que serlo sé es, pero parecer sin ser siempre ha sido una tontería.
Después de unas cervecitas, fui al servicio. Y qué había allí? Una negra que tenía perfumes, pintalabios, rimel…todo lo que una mujer puede necesitar un Saturday night…y…Chupa chups (olé el espa?ol que los inventó). Se suponía que le dabas dinero y te servías tú misma. Flipante! En fin después del impacto de la visita al ba?o, o al tocador como diría Manolo y los cabezas; me reincorporé.
Subimos a la planta de arriba y en el camino conocimos a un negro que estaba flipao con la Feria de Sevilla, él nos brindaría más tarde uno de los mejores “momentasos”. Nos veía y se emocionaba, así que cuando, más tarde, nos lo encontramos en las escaleras del servicio le cantamos “Aquellos duros antiguos, que tanto en Cádiz dieron que hablar”. Algún día me veréis por la red, borracha y cantando los duros antiguos, no os extra?éis. Sí soy yo…y Alicia, por supuesto.
Mientras que Alicia practicaba inglés con los nativos (qué nativos? si allí nadie es de Londres), bueno con la amplia amalgama de personajes de todo el mundo, y Raquel le ense?aba a decir a un nota “Cocodrilo de Lacoste”, yo me relacionaba con los amigos de mi buen amigo. Y quién dijo alguna vez que yo tenía una fijación extra?a con los lonchetas, eh? Pues en esta ocasión os sorprendería mi relación con el melenas del grupo, me voy a meter a peluquera, qué peaso de mo?o le planté en el coco. Me molan los pelos, se acabaron los calvos. Ha nacido una nueva era, y no es la de Aquarius…
A las 3.00 de la ma?ana nos dijeron “vamos a la cama que hay que descansar”, es decir, cerraban el antro de perversión. Ya estábamos algo “molías”, así que nos despedimos de todos y fuimos en busca del autobús…
En busca del autobús hacía Trafalgar Square nos encontramos a una espa?ola que se iba después de algunos meses en Londres para Espa?a. Estaba de fiesta de despedida, y nos hermanamos…fotos…fotos..y adiós. Después a una americana, la amiga nos decía que estaba borracha, pero la seguimos. El resultado…estábamos de nuevo en Picadilly…Sorry, sorry y adiós, locaaaa.
Por fin, encontramos la parada de nuestro autobús y pasaron unos chicos…he desarrollado el sentido de reconocimiento patrio…sabía que eran espa?oles ya desde lejos. Así que nada a gritar: Hola espa?oles! Se emocionaron y nos dedicaron un….”alcohol, alcohol, alcohol, hemos venio a emborracharnos el resultado nos da igual”, que el cadi c.f. tenía que aparecer por algún lado.
Mucho tiempo después (cómo tardan los autobuses en Londres), nos montamos en el bús…y llegamos finalmente a nuestro hogar londinense. Fue una gran y extra?a noche llena de sorpresas!
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